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EL LADO OSCURO DE UN IRONMAN

 

Por Martín Aragno (*)

             

      

El domingo 4 de julio representé a la Argentina en Alemania, nada menos que en el triatlón IronMan de Frankfurt, conseguí mi quinta medalla finisher en esta distancia de 3.800 metros de natación; 180 kilómetros de ciclismo y 42 del maratón final pero no bajé mi récord personal de once horas que era mi objetivo principal. Como una especie de cara inversa de la moneda, conocí lo que podría describirse como el otro lado de ser un IronMan y que no había vivido –ni sufrido- en mis cuatro participaciones anteriores en Brasil; Australia y Sudáfrica.

       

A las siete en punto de la mañana escuchamos la señal de largada a orillas del dique donde nadamos sin traje de neoprene ni faskin según lo dispusieron los organizadores. Nos zambullimos en cuero o con el enterito de correr. Eramos 3 mil competidores en un circuito rectangular en cada una de las vueltas con diferentes los recorridos pero siempre saliendo a una pequeña playa. Sali del agua en 1h18m32s que incluyeron los cien metros por la arena para llegar al parque cerrado donde estaban las bicicletas. No fue el mejor de los comienzos ya que estuvo muy por arriba del tiempo esperado, comencé a pedalear más fuerte de lo planeado porque quería recortar esos minutos que me demoré en la etapa anterior. Al completar los primeros cuarenta kilómetros ya era insoportable el dolor de cabeza, me bajó la presion y me sangraba la nariz, un combo que me obligó a dejar la bici a un lado de la banquina mientras intentaba recuperarme. Pude seguir adelante pero se me hizo imposible asimilar alimento alguno, no recarga energias y las fuerzas fueron mermando en un circuito técnico en donde tuve que subir tres cuestas que no fueron el único escollo, también rodamos por media docena de pueblos con calles de adoquines en donde una multitud nos alentaba constantemente al paso por las dos vueltas de 92,5 km en un total de 185 kilómetros, cinco más que lo previsto y que fueron interminables. Como una parada en boxes en Fórmula Uno, me detuve en el puesto médico donde me recomendaron abandonar ahí mismo ya que se venia la maraton con una temperatura de 33º pero igual seguí adelante hasta meter un parcial de ciclismo de 6h02m34s para llegar al segundo parque cerrado que estaba en plena ciudad de Frankfurt.

       

Las cuatro vueltas, de diez kilómetros y medio cada una, hicieron que el maratón me resultara un suplicio, desde la primera zancada sentí que todo daba vueltas alrededor mío, volvió a bajarme la presión y también me sangró la nariz. El paisaje del río Main y la gente agolpada a lo largo de todo el circuito me ayudaron a no darme por vencido. En la primera vuelta alterné el trote con la caminata, luego sólo pude caminar y bastante lento por cierto, incluso paré para vomitar y dormir una siesta reparadora bajo la sombra de un árbol aunque no por mucho tiempo porque ahora en Europa el tiempo máximo para completar la prueba es de quince horas, dos menos que en el resto del mundo. Un paso tras otro para 6h50m después, liquidar el maratón y así cruzar el arco de llegada en 14 horas y 25 minutos.

        

Así finalicé mi quinto triatlón IronMan que fue diferente a los cuatro anteriores donde cumplí todo lo planeado. Los 226 kilómetros a veces te deparan adversidades impensadas que te hacen triunfar y llevarse el mejor resultado, nada menos que el triunfo del alma y el sacrificio, la victoria del esfuerzo y la perseverancia. No fue la velocidad ni la resistencia, esta vez crucé la meta a puro corazón, como dijo un grande como el cordobés Oscar Galíndez, descubrí el guerrero que uno lleva adentro, visualizando mis sueños que son el combustible para seguir luchando sin bajar los brazos. Hay que contar los buenos resultados pero también hay que dar a conocer aquellas experiencias en que las cosas no salen como uno las pensó, ese fue mi caso y aún así supe ser IronMan desde la otra punta. Con relación a este triatlón de Frankfurt, fue espectacular, el mejor de los que corrí y destacó el respeto con que los organizadores y el público trataron a todos los corredores desde el campeón hasta el último, durante el ciclismo nos hicieron sentir en el Tour de France mientras que el maratón fue al estilo Nueva York.

     

Saludos a todos, a seguir adelante.

      

 

(*) Productor agropecuario santafesino, sus obligaciones laborales siempre convivieron con su pasión deportiva a través de disciplinas como tenis; futbol; básquet y golf pero, a sus 37 años, los últimos diez los dedicó a nadar; pedalear y correr en forma ininterrumpida desde que a mediados de 2000 se volcó al triatlón en el que celebró una década de competencias. Socio del Club Atlético San Jorge e integrante de la Asociación Atlética El Bosque que dirige el profesor César Roces, se especializó en la larga distancia donde ya completó cinco triatlones IronMan.

  

   

Original de El Depornauta, agradecimientos al Editor, Sr. Fernando Horowitz

     
 

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